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PROXIMAMENTE!!!!

¿Soy libre para ver la verdad?

Por Rodrigo Joaquín del Pino
El mundo nos apresa, cuando de antemano, a través de nuestros pensamientos o creencias, nosotros mismo nos apresamos. Por ejemplo, si por x causa pienso que toda persona rica consigue el dinero de manera deshonesta, es seguro que en mi mundo habrá muchas de estas personas, y también que yo estaré muy lejos de ser rico a menos que me convierta en un ladrón. Así, siempre estamos confirmando afuera nuestras creencias, nuestro pensamiento raíz. La libertad se haya en el espacio anterior al pensamiento o creencia. Una vez que nosotros creemos en algo; percibiremos y sentiremos todo a través de ese algo; no tendremos acceso a la verdad. Como se dice a veces: “el que se quema con leche, ve una vaca y llora”. Esta idea de ver al mundo como separado y casual es muy común a todos, porque se asocia con otra impresión aun más ilusoria: que la felicidad deriva de lo que hacemos y tenemos.
No aceptar con paciencia los resultados de nuestra vida a cada momento se compara con tirar la basura debajo de la alfombra cada vez que limpiamos. Y el problema será que luego percibiremos todo desde esa basura acumulada en el subconsciente (la alfombra). Traemos sin darnos cuenta, la experiencia pasada a nuestro presente, y comenzamos a vivir lo cotidiano, presos de esa vieja memoria. Luego, consideraremos como experiencias agradables, solo a aquellas que son similares a la memoria de la experiencia pasada, y desagradables a lo que no coincide con ella.
En otras palabras, la mente conciente solo mira la basura contenida en la mente subconsciente en forma de memorias viejas, y desde allí, percibe y define al mundo que la rodea. Decimos: “esto es así, o esto es asa”, de forma verbal, como una manera de hacer real, aquello que para nosotros es completamente inaccesible: la realidad. Se establecen los juicios y prejuicios como una manera de esconder la vergüenza de no conocerse así mismo.
Todos podemos descubrir, si miramos profundo, que percibimos la realidad desde memorias viejas (traumas pasados, resentimientos, complejos). La realidad está teñida con esas heridas que todavía sangran en nuestro interior. “Que día horrible”, “que calor insoportable”, “que persona tonta”. El proceso de formación de la realidad proviene de nuestra propia volición subconsciente. Es ese colectivo de viejas memorias incrustadas en la conciencia social, lo que confunde al momento de comprender, el hecho 100% verdadero, de que “yo creo la realidad individual en que vivo”.
Cuando definimos nuestra realidad al hablar, podemos también, sentir internamente, los niveles de deseo y rechazo en los que nos encontramos. Y son estas sensaciones, llevadas al plano perfecto de ecuanimidad, las que indican realmente nuestro buen nivel de liberación espiritual. Por eso, a veces, podemos observar algo asombrados, como algunas personas conocen tanto del mundo exterior, o logran tanto poder material, pero solo como un esfuerzo sustituto de la hermosa tarea de mirarse y limpiarse así mismos, para ser dignos y felices. Las viejas memorias que se repiten, se limpian al perdonarse y amarse a sí mismo.
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