Por Rodrigo J. del Pino
Por un estudio minucioso de las tradiciones y por propia experiencia comprendemos que la plena realización personal (autorrealización), se manifiesta sólo cuando se abarcan los tres niveles de realidad. Es decir, el yo, la trascendencia y el mundo; o también, el adentro, el arriba y el afuera. Vemos que generalmente el religioso aspira solo a la trascendencia, al arriba; los orientales solo al yo, al adentro; y los occidentales solo al mundo, al afuera. Esta actitud exclusivista arrojará al aspirante espiritual, tarde o temprano, hacia un estado interno de insatisfacción debido a la incomplitud de la tentativa.
Por ejemplo; si mi actitud de vida es dirigirme a lo Supremo como aquello que está apartado del mundo y de mí mismo, sin remedio, sentiré el 95 por ciento de mi realidad como ordinaria o carente de divinidad o dignidad, a excepción de cuando estoy en misa o meditando. Querré escaparme de lo que soy y recluirme del mundo. Esta situación abunda hoy, al igual que aquella que como contrapartida se absorbe en los objetos del mundo como la única realidad posible, separada del yo y de lo Supremo.
Quien desee modificar estos fenómenos de conciencia puede practicar la visión integrativa constante, llamada yoga-chakshuh en sánscrito. La persona ve que su Fuente Original está en todo cuanto percibe. Ella siente que la belleza de esta mujer proviene del Divino o que Dios me acaricia a través de este hombre. Ningún ser puede atribuirse nada como suyo. Los cuerpos son sólo vehículos transmisores de la bondad y belleza absoluta de esa Fuente Inagotable de donde todo emana de manera constante, tan veloz y por tal, imperceptible a la mente.
El desarrollo de esta visión integrativa profunda nos conduce a una autorrealización natural y práctica, accesible a todos. Provocando paz en el corazón del practicante, salud, y el equilibrio de los afectos. El sustento de esta visión es que lo Absoluto lo comprende todo, pues el mundo relativo, como diferente o separado de mí vida; en forma de personas, situaciones y objetos; no es más que la visión fragmentada de una conciencia todavía dormida. La idea de absoluto y relativo como opuestos es contradictoria en la vivencia individual, ya que la definición de absoluto no puede ser menos que todo abarcante. Por tanto, la mente finita fragmenta la realidad en pedazos hasta el momento en que liberada del temor, contempla por fin, la unión absoluta de todo cuanto existe.
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