
Con tus palabras esclavisas o liberas a tu niño
Por Rodrigo del Pino
Mucha gente esta acostumbrada a que tenga que acontecer una situación especifica para poder sentir la vida. Esperamos que suceda algo que nos despierte una emoción agradable, sin darnos cuenta que la actitud inconciente de esperar, nos condena al futuro, y que lo que somos ahora, no alcance para sentirnos plenos. El constante displacer de la persona que no despertó a su realidad mas profunda, seguirá hasta que se de cuenta del juego de su propia mente.
Tiene implantada en su mente una idea de ser incompleta, y por lo tanto una sensación incomoda la penetra constantemente. Lo que todos hacemos es movernos, comprarnos cosas, buscar gente, hablar, pero con el propósito de apalear esa corriente de desasosiego que proviene de la incapacidad de sentir el ser completo y dichoso que ya somos. La persona se siente como un conjunto de pensamientos, no se percibe así misma en realidad. Las aseveraciones en la niñez, por ejemplo: “tu eres tonto”, implantadas por el padre, crean el yo idea dentro del niño, y hacen que la criatura busque el resto de su vida “ser inteligente”, el yo ideal, casi como una actitud irracional.
Mucha gente no tolera ser contrariada o cometer errores; se los ve combatiendo por sus opiniones, incluso en el ámbito más íntimo. En realidad, están empeñados en una lucha interior en pos de su identidad, desde su más tierna edad. Sólo el desarrollo de la conciencia axial en el adulto, la capacidad de mirarse así mismo, puede mitigar tal disfunción fundamental.
Sentir la vida que nos constituye requiere el desarrollo de un trabajo constante. La semilla es únicamente la sinceridad, pues toda situación le sirve a la persona que despertó al trabajo interior. La felicidad no es el polo opuesto de la desdicha, sino la trascendencia de ambos. Ir desde el yo idea al yo ideal no nos establece en ningún plano superior de experiencia. Es solo un falsete mental ideado por una cultura que no esta enraizada en su identidad mas profunda. Es el corto viaje del ego que muchos estiramos por largas vidas.
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